(…) Dicho esto, pienso que esa pérdida de intensidad a la que alude vuestra pregunta podría explicarse a partir de numerosas circunstancias, aunque tal vez una de las principales es que algunos de los espacios expositivos más importantes de la ciudad han cumplido sus correspondientes ciclos de trabajo o, al menos, se han vuelto claramente reconocibles para sus respectivas audiencias. Programar durante muchos años en función de unas orientaciones muy precisas aporta estabilidad y coherencia pero, inevitablemente, también implica automatismos, distensiones y dificultades para chequear la realidad cultural en la que se está inmerso y para sintonizar con las nuevas inclinaciones que el público va reclamando.
[Entrevista en A-Desk a Valentin Roma sobre la situación en Barcelona]
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