Inmovilidad

Lo primero que me trajo el solsticio de verano fue un salto hacia la inmovilidad. Ahora no puedo moverme. Para hacerlo mi cuerpo necesita de un gran esfuerzo. Tengo la pierna izquierda escayolada desde la ingle hasta el tobillo. Torción de la rodilla izquierda.

Salté por encima de una hoguera y mal caí.

Estoy en un bar con conexión a internet. Sentado en un taburete. La pierna en alto, apoyada en otro.

Acabo de pasar por un ambulatorio en busca de unas muletas. Pero no tienen. Y no me las pueden facilitar. El hombre que me atendió me descubre que mi número de la seguridad social está sin asistencia. Eso quiere decir que hasta que no lo universalice (lo cual significa papeleo, en mi estado) no tengo derecho a sanidad pública.

“Eso no lo dicen los políticos, pero es así”. El hombre hace lo que puede por darme a entender que entiende mi desagradable sorpresa. “A muchos les pasa. Desconocen que, tres meses después de dejar de cobrar el paro, si uno no reactiva su situación social, pierde todos los derechos”.

En “Sicko”, Michael Moore criticaba el sistema sanitario estadounidense. Para ello, entre otras cosas, se paseaba por otras realidades sanitarias (el Reino Unido, Francia y Cuba) y las contrastaba con la gringa en su habitual tono demagógico . Pero aquí vamos en la misma dirección, solo que unos diez años más tarde. Esa dirección es la pauta de una mercantilización de la sanidad. La crisis no se nota en los telediarios, por más que hablen de ella, sino en el hecho de que un sistema no pueda proporcionarte gratuitamente unas muletas.

La inmovilidad significa que vivir en el tramo alto de una calle me supone media hora de recorrido, tras el que quedo exhausto.

Ayer vinieron unos amigos a casa. Era mi primer día inmóvil. Me vieron bien. “Positivo”. Ahora, en este bar, cuando sé que me debo aún a un camino tortuoso de vuelta cuesta arriba, sin muletas, tengo, por así decirlo, otra perspectiva, no tan happy. Si me dieran un saco de dormir, me quedaba a vivir en el bar, con tal de no moverme.

Para entretenerme estoy dibujando con los pies, a ver si aprendo una técnica realmente provechosa. Me han comentado que los expertos en postales de navidad hechas con los pies se forran. Es una forma de pensar que no hay mal que por bien no venga.

Y menos mal que el verano se presenta suave. Por mí, que se las pasara lloviendo, al menos estos quince días que me quedan de inmovilidad.

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2 thoughts on “Inmovilidad

  1. Ay Pablo!!! que putada lo de la pierna, las muletas y la sanidad pública en general… ¿Dónde estás en Bilbo o en Cadiz? espero que te mejores pronto.

    En cuanto a las tarjetas de Navidad pintadas con los pies, por alguna razón que desconozco mis padres reciben siempre un paquete en casa a cambio de la voluntad, esa que nunca llegan a mandar porque se les olvida. Según mi madre, ella contribuye enviando las tarjetas a sus amigos y familiares, mostrando el arte de ese colectivo que pinta con los pies al resto del mundo. En fin… que un beso muy fuerte y que te mejores ya.

  2. Hola, carmencita
    No puede ser q no nos veamos la proxma vez que baje a Barna… Aunque no se cuando será…
    Sí, lo de la pierna es una gran putada… lo sobrellevo como puedo, pero me cuesta un mundo moverme. Ahora tengo muletas… Me duelen las manos…En fin… chca friolera… te echo de menos
    Un besazo desde Bilbo

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