Sevilla y Olé (V et çe fini)

Para el “çe fini” sevillano, he decidido llevar a cabo un reportaje largo y tedioso, sobre todo egocéntrico, dedicado a lo que a mí me importa y de lo que he estado durante este mes muy falto pese a las nuevas tecnologías. El amor infantiliza, sin duda alguna. Nos vuelve “estúpidos sin gracia”.

Vino a verme y me hizo el hombre más feliz del mundo…

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Con todo no creo que haya una cosa mejor y esto va para unos y para otros (para los que están enamorados y saben a lo que me refiero y para los que no lo están y no sólo me leen con escepticismo sino que se atrincheran en una opinión bien diversa… a éstos les digo: amigos, pensaba exactamente como vosotros, de hecho por ahí tengo un escrito que lo atestigua, pero si algo embellece al ser humano es esta hermosa contradicción)

En Sevilla trabajé mucho. Mi amor lo sabe porque él fue uno de los primeros en cargar la cruz (expresión que va muy bien con la ciudad) y pagar los platos rotos de mi estresante circunstancia. La cabeza, ocupada en mil asuntos, no estaba para nadie, menos aún para una ciudad que durante la primera semana se me había revelado entretenidísima, pero que luego se evaporó.

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Vino a verme y me hizo el hombre más feliz del mundo. Así podría comenzar una novela, pero, sobre todo, así debería terminar. Y que no más quedarán unos puntos suspensivos indicando que la historia continúa en otro ámbito, en el lugar inenarrable de la felicidad.

Todo el mundo lo sabe. El amor nos hace vulnerables. Quizás por eso lo de la estupidez. Tantas veces he contemplado frente a mí a un chico o a una chica enamorados y he pensado: “aburridos” porque su conversación era incapaz de escaparse de un nombre, unos ojos, un gesto, una actitud, un momento datado…

Me quiero volver a leer Fragmentos de un discurso amoroso, de Roland Barthes. Sólo recuerdo, intuitivamente, que contenía la descripción paulatina de la intriga del otro, intriga en que se basa el amor.

Me temo que esa intriga comienza desde la incertidumbre de cómo es uno mismo. Así, tal vez, abrir las entrañas de la intriga amorosa contemple un descubrimiento obsceno: que el sujeto amoroso resulten ser imágenes borrosas, ideas obsesivas y tribulantes acerca de uno mismo.

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One thought on “Sevilla y Olé (V et çe fini)

  1. Las distancias afianzan las cadenas que nos unen.

    Ahora cerca. Ahora aquí.

    Ya nunca volveré a sentir el fantasma de tu ausencia.

    Ya nunca mi cama será ese desierto vacío en medio de la noche.

    Te quiero.

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