Notes for Spilling Gestures: William Klein – Tokio

TOKIO (prólogo del libro escrito en 1962)

“En las Indias no hay nada que ver, todo debe ser interpretado”, dice Henri Michaux. En Tokio, yo pensaba: se ve todo y no hay nada que interpretar; en Tokio me comportaré como un bárbaro. Convencido de entrada de que no iba a comprender nada, maravillado de no tener que intentarlo, lo que no quería hacer en absoluto era juzgar. Como el que no compra, que no hace nada malo, yo miraba.
Los objetos de la vida cotidiana en Japón son más o menos los mismos que en nuestra tierra. Sin los japoneses no nos sentiríamos extraños. Pero están los japoneses, que llevan una doble vida, la nuestra y la suya. A veces se ponen en nuestro pellejo, a veces en el suyo. En ocasiones, uno encima del otro pero, en este caso, el nuestro encima del suyo. Los comerciantes holandeses, que durante tres siglos fueron los únicos extranjeros a los que se permitía vivir en Japón, en marzo de 1762 fueron convocados en la fortaleza de Edo. Uno de los comerciantes, Engelbert Kaempher, escribió: “Nos pidieron que estuviéramos de pie, que nos sacáramos el abrigo, que anduviéramos, que nos cumplimentáramos unos a otros, que bailáramos, que saltáramos, que imitáramos a un hombre ebrio, que habláramos un poco de japonés, que leyéramos en holandés, que pintáramos, que nos retiráramos, y que volviéramos a ponernos nuestras chaquetas”. El shogun Tsunayashi les observaba oculto tras un biombo.
Ahora nos toca a nosotros observar a los japoneses – yo me oculto tras mi cámara de fotos y ustedes detrás de estas páginas. Están de pie, se sacan el abrigo, andan, se cumplimentan unos a otros, saltan, imitan a unos hombres ebrios, hablan un poco de japonés, no leen el holandés, pero sacuden el polvo y se quitan y se vuelven a poner sus chaquetas. Se sienten observados y esto les incomoda. Es posible que se sientan incómodos de cualquier manera, pero no intentemos demasiado saber por qué. El maestro zen Seng-Ts’an dijo, según parece: “Pasead sin atormentaros”. Paséense por este libro. Miren. Y perdónenme si, a veces, les parece que quiero explicar algo: no lo he hecho a propósito.

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