Como arbolitos de Navidad a mediados de enero (Sobre la impostura)

 

Un año hará en breve, si no hoy, que no escribo aquí. ¿A qué he sido reacio durante tanto tiempo? A la impostura del formato, que se colaba en la escritura. Empujaba, ayudado por la inercia de los días, con una fuerza cada vez mayor, aún cuando había empezado como las serpientes, deslizándose a ras de suelo. Pero un buen día llegó un ánimo diferente y me dije que ya no me apetecía continuar la misma senda, pues a lo único que me dedicaba era a resistir a desgana esa fuerza de paso y pose, la fuerza de lo nuevo. La resistía sonriente y turulato, lo cual no era sino otra impostura, consecuencia de la que me presionaba a cada momento para escribir. Así que, concluí, toda esta maquinaria estaba asegurándose su reproducción, pues una impostura no da lugar sino a otra, de una impostura no cabe otra cosa más que otra impostura, ninguna reacción, por enérgica y auténtica que aparente ser, se librará de la tediosa insipidez de la impostura frente a la que reacciona. Y, por lo tanto, de una impostura sobran incluso hasta las reacciones más virulentas que ella provoque en su contra. Ambas están unidas irremediablemente por la línea absurda de lo innecesario. Sigue leyendo

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Glossing the text: El rostro extraviado

(Para mi hermana D.)

Recogido en El Babelia del 30 de agosto. Texto de Alberto Martín sobre la aparición de dos publicaciones que tratan el retrato y el rostro.

Esta línea, defendida en fotografía por Dominique Baqué y asumida, dentro de un contexto general de formalismo y agorerismo artístico, desde la tribuna de la comunidad artística del periódico El País, es equivalente al gran debate en cine respecto a la imagen sí o la imagen no que representan, a un lado y al otro, las Histoire(s) de Godard y la Shoah de Lanzmann (pero también Wim Wenders, Werner Herzog, otros…). Esta idea de que ya no es posible operar “virginalmente” con las imágenes surge con fuerza en los años 80 y puede explicarse desde muchos ámbitos. Lo “virginal” no refiere una imagen inocente en cuanto a ideología (pues esto ya se sabe) sino en cuanto a portadora de virtud. Los 80 suponen el inicio de la etapa fin de siglo: ideología de lo terminal (que se ve corroborada por desastres como Chernobyl, los agujeros en la capa de ozono y las primeras evidencias  del calentamiento climático,  la pandemia del Sida , las diversas enfermedades animales (en dosis anuales) que nos hacían sospechar de las vacas, los pollos, los cerdos…, la polémica de los transgénicos, etc…) auspiciada por el pensamiento postestructuralista, y la gran difusión de las tésis baudrillardianas sobre el simulacro y la consecución utópica del ideal capitalista en EEUU, tésis que, en el fondo, son un reverso (aparentemente) progresista del Fin de la Historia de Fukuyama (América, de Jean Baudrillard, es un libro clarificador al respecto, es la clave para entender el mecanismo discursivo del pensador francés: presenta apologéticamente una visión oscurentista y dramática de la no tan futura sociedad poshumana). Sigue leyendo