Como arbolitos de Navidad a mediados de enero (Sobre la impostura)

 

Un año hará en breve, si no hoy, que no escribo aquí. ¿A qué he sido reacio durante tanto tiempo? A la impostura del formato, que se colaba en la escritura. Empujaba, ayudado por la inercia de los días, con una fuerza cada vez mayor, aún cuando había empezado como las serpientes, deslizándose a ras de suelo. Pero un buen día llegó un ánimo diferente y me dije que ya no me apetecía continuar la misma senda, pues a lo único que me dedicaba era a resistir a desgana esa fuerza de paso y pose, la fuerza de lo nuevo. La resistía sonriente y turulato, lo cual no era sino otra impostura, consecuencia de la que me presionaba a cada momento para escribir. Así que, concluí, toda esta maquinaria estaba asegurándose su reproducción, pues una impostura no da lugar sino a otra, de una impostura no cabe otra cosa más que otra impostura, ninguna reacción, por enérgica y auténtica que aparente ser, se librará de la tediosa insipidez de la impostura frente a la que reacciona. Y, por lo tanto, de una impostura sobran incluso hasta las reacciones más virulentas que ella provoque en su contra. Ambas están unidas irremediablemente por la línea absurda de lo innecesario. Sigue leyendo